Fui antes a esa represa con mi primo, esta vez salí solo, escape mejor dicho mientras mis abuelos dormían la siesta, un mediodía caluroso en el impenetrable monte chaqueño, agarre la escopeta y los tres últimos cartuchos, un cuchillo de cocina y un enorme pedazo de charqui para ir picando en el camino, la represa está a unos tres kilómetros de la casa del abuelo.
Llegar no era problema, un largo y angosto camino llegaba hasta la represa, una vez ahí era cuestión de elegir el animal más gordo y bajarlo. Cuando llegué las charatas pasaban de un árbol a otro aleteando, expectantes, curiosas. Había escuchado entre otros consejos de mis primos un poco jugando y otro poco enserio que a las charatas les gustaba el color amarillo justo el color de mi remera, de repente veo en el barro fresco donde se enterraban mis alpargatas las huellas de un wazuncho…. te imaginarás como cambio mi animo en ese momento, la huella era freza por lo visto, aunque no soy un experto, comencé a seguir las huellas como si fuera mi única misión en la vida, como si fuera un profesional de la casería que iba en busca de su trofeo una vez mas el codiciado animal del monte seria la cena del cruel cazador, adrenalina…. Espero que entiendan de lo que hablo no cualquiera tiene la oportunidad de cruzarse con las huellas de un wazuncho. Llegar a la casa con un wazuncho en el hombro es un orgullo, seria recordado durante muchos veranos seguramente, además debía reivindicar mi honor familiar ya que Aníbal mi tío mayor, a dado caza a seis wazunchos en sus 18 años de vida, mi carrera por batir el record recién empezaba, empecé a seguir las huellas alrededor de la represa, me aleje sin darme cuenta....
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